Ácido
Desde que me enviaron a trabajar a las oficinas del cliente hace ahora justo un año, disfruto de ciertas ventajas, como el tener una cafetería en el mismo edificio. Pero una cafetería de las de verdad, con su barra y todo. Nada de esos espacios ocupados por dos máquinas de café y otras dos dispensadoras de diveros tipos de comida. Como decía, esto es una ventaja porque, ya que madrugo bastante y por las mañanas soy lento como el caballo del malo, puedo desayunar allí tranquilamente. Mi desayuno habitual consiste en un café con leche y una tostada con mermelada y mantequilla. Cosas que jamás tomaría en mi casa por la falta de tiempo.
Lamentablemente, toda moneda tiene dos caras y este caso no iba a ser una excepción. Con todo lo bueno que está el café aquí (ni quemado, ni fuerte), no sé que coño tendrá porque su efecto en mi organismo es el equivalente al que tendría un buen chorro de salfumán en una tubería atascada. Desde hace exactamente un año, decía, desayuno aquí. Y desde hace exactamente un año, no hay día en el que al echar mi cagada de media mañana no tenga que tirar de escobilla para eliminar los derrapes. Y esto para una persona como el que esto escribe, acostumbrada a deponer cosas sólidas como robles, es algo nuevo y desagradable.
June 19th, 2009 at 10:04 am
Tomar café ya nunca será lo mismo.
June 19th, 2009 at 10:41 am
Y si fumas, Nesta, acuérdate a partir de ahora de esto: “Café y
tabacocigarro, muñequito de barro”.June 19th, 2009 at 5:12 pm
Pues eso debería depurarte de p*ta madre, ¿no? SI no, siempre puedes pasarte al zumo de naranja. Como los hombres.
June 25th, 2009 at 12:50 am
Me he enamorado de tu blog. Me encanta la canción de Loquillo, y me identifico un huevo y parte de otro contigo.
Enhorabuena por el sitio.
June 25th, 2009 at 7:52 am
Muchas gracias y bienvenido, nachete. Espero que tu “enamoramiento” no haya venido por este post.