Mi primera 10K

El pasado 31 de agosto corrí por vez primera una carrera popular, la Nike Human Race. Con un recorrido realmente atrayente y un perfil sencillo (eso decían en la promoción de la carrera y eso me dijeron amigos míos que se dedican a esto del trotar), mi novia no tuvo que hacer mucho más para convencerme y que nos apuntásemos.

El único y principal problema que me surgió una vez apuntado está claro: yo mismo. Mi total y absoluta inactividad deportiva, mi vida sedentaria y mis (bien) ganados kilos del último lustro suponían todo un obstáculo en medio de los 10Km. que van del Retiro a la Casa de Campo. Además, el hecho de tener sólo 13 días (volví de vacaciones el 18 de agosto) para “entrenar” no me ayudaba demasiado.

Todo lo que necesitas, lo tienes dentro

Este último slogan de Nike es más cierto de lo que uno pueda pensar. Para la gente que practica deporte como afición, el mayor desafío es, en mi opinión, vencer las trabas que tu propia mente te pone. Es decir: puedes hacer lo que quieras (correr 10Km, aguantar un poco más en el partido de fútbol con tus amigos, etc.) una vez te convenzas de que es posible. Si después de años comiendo donuts de forma compulsiva y compilando el nuevo kernel de Linux por las noches un adminstrador de sistemas se pone a correr, su cerebro le dirá a los 3 minutos: “¿Qué cojones haces? Deja de putearte para nada, imbécil”. Pero, físicamente, su cuerpo puede dar mucho más. Todo es cuestión de encontrar tu ritmo y mantenerlo.

En mi caso, mi umbral psicológico estaba en los 15-20 minutos. Los primeros días, antes de salir a correr, me agobiaba pensando que el recorrido que iba a hacer me dejaría reventado y que después del primer cuarto de hora sufriría como un perro apaleado. No estaba equivocado y, efectivamente, a los 20 minutos mi cabeza me pedía clemencia a gritos. A pesar de ello, aguantaba como un campeón hasta llegar a los 45 minutos. Al día siguiente no podía ni moverme de las agujetas, pero el primer paso estaba dado. Bien es cierto que seguía pensando que moriría antes de ser correr los 10Km. del tirón, pero ese pequeño “miedo psicológico” a mis sesiones de entrenamiento fue desapareciendo poco a poco. Así, los últimos días no sólo me apetecía salir a trotar por ahí, sino que intentaba aumentar los kilómetros realizados. Esto último habría sido más fácil si hubera tenido más tiempo para prepararme, pero con poco más de una semana, fue un tema jodido: el hecho de correr de un día para otro 2Km. más me dejaba para el arrastre.

El descanso es una parte importante del entrenamiento

No me di cuenta hasta que lo experimenté en mis carnes. Correr tres días seguidos hacen que el cuarto quieras morir si sales a correr. Sin embargo, si descansas ese cuarto día, al quinto vas como un tiro y notas que al volver a casa estás perfectamente. Siguiendo los consejos de mi parte contratante, los tres días previos a la carrera no hicimos nada, salvo una suave carrerita de 15 minutos el jueves anterior.

Corre cabrón, corre

El día de la carrera no pudo amanecer mejor y, aunque hacía algo de calor, al ser la carrera a las 20:00h sería perfectamente soportable. Después de comer nos encaminamos al Retiro, donde las camisetas rojas fluían por todas partes. Tras localizar nuestro cajón de salida (no fue muy difícil: el último, por ser la primera participación), intentamos localizar a alguno de nuestros amigos que debían pulular por allí. Mientras tanto, Santi Millán intentaba animar al personal con unas coñas lamentables y en la pantalla gigante de la salida entrevistaban en directo a Chema Martínez (que sería el ganador) y a Marta Domínguez. A las 20:00 en punto tomaron la salida los pofesionales y empezaron los empujones, los codazos, los turgentes pechos de la de atrás en la espalda, etc. Cuatro minutos después pasábamos por debajo del arco de salida al ritmo de “Eye of the tiger” con la adrenalina a tope por el ambientazo que había.

Los primeros kilómetros fueron un poco caóticos, ya que había muchos corredores que trataban de adelantar y en algunos momentos (sobre todo en la re-entrada al Retiro) se formaban unos tapones importantes y correr era imposible. Una vez fuera del Retiro, me dejé llevar y empecé a disfrutar. No todos los días tienes algunas de las zonas más bonitas de Madrid para correr a tu antojo. Los kilómetros iban pasando y en ningún momento sentí que em faltaran las fuerzas. Además, la bajada de la cuesta de la Vega (me habría gustado ver qué habría pasado si a algún cachondo se le hubiera ocurrido que era mejor subirla) ayudó a soltar un poco las piernas y encarar descansados los últimos dos kilómetros, ya en la Casa de Campo y de subida. Muy suave del 8 al 9, y algo más dura el último kilómetro, sobre todo los últimos 300 metros, donde el ánimo del público nos hizo apretar un poco para llegar a la meta con un tiempo de 1h06′. No es un tiempazo, ni mucho menos, pero ya he dicho que mi intención era disfrutar de la carrera y terminarla.

Una experiencia recomendable

En mi opinión, lo es. En primer lugar, porque haces deporte y si no estás en forma, como es mi caso, algo consigues. No digo que vayas a correr la Maratón de Londres a la semana siguiente, pero mejoras tu forma física. En segundo lugar, por la experiencia de correr junto a 10000 personas por las calles de tu ciudad, con gente que no conoces de nada animándote, dándote apoyo y aplaudiendo a rabiar. Y en tercer lugar porque igual tienes la suerte de que se meta el gusanillo de correr en el cuerpo y empiezas a ver que cada día que no sales a correr te falta algo.

Por mi parte, el gusanillo se me ha metido y aunque la semana siguiente descansé, he mantenido mi auto-disciplina y he seguido saliendo a correr con cierta regularidad. Espero seguir así durante algún tiempo. ¿Lo próximo? Sin duda alguna, la San Silvestre Vallecana. A más largo plazo, ¿quién sabe? Tal vez algo en primavera…A ver si tengo tanta suerte como otros.

2 Responses to “Mi primera 10K”

  1. TaM Says:

    Así empecé yo y ahora ya no puedo parar… sabes lo que haces? XD Las carreras de 10 kms son una secta…

  2. El Duque Says:

    Qué me vas a decir, TaM, qué me vas a decir. Ahora estoy jodido porque me he lesionado un pie y no puedo entrenar para la San Silvestre.

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