Es cuestión de educación

Todos los días cojo el metro para ir a trabajar. Antes, cuando iba a las oficinas centrales, apenas hacía 10 minutos de trayecto. Pero desde que me toca ir a las oficinas del cliente, mi media horita de ida y otra de vuelta no me las quita nadie. El caso es que, dentro de los millones de muestras de mala educación que te puedes encontrar a diario (gente que empuja a otros para pasar sin mediar palabra, gente que no se queda a la derecha de las escaleras para que el resto pueda pasar a su izquierda, etc.), hay una que me toca especialmente los cojones: el no cederle el sitio a otra persona.

Será que soy tonto o un pringao, pero normamente no suelo sentarme cuando voy en metro. Si hay un par de sitios libres cuando entro en el vagón, directamente me quedo de pie. No soy de esos que están como toros en toriles, esperando que se abran las puertas para arrollar a los que intentan apearse y conseguir su preciado asiento. ¿Que por qué no me siento? Pues porque sonsidero que seguramente habrá alguien que necesite el asiento más que yo. Sea una pobre abuelita, una señora con un niño pequeño en brazos o alguien lesionado. Soy joven y por estar 20 ó 30 minutos de pie agarrado a la barra no voy a desfallecer. Por eso me jode ver cómo algunas personas se sientan y cuando, por ejemplo, entra un señor mayor en el vagón, se hacen los locos: no levantan la vista del suelo o del libro (cuando hace un segundo lo han hecho para mirar a dicho señor), miran para otro lado, etc.

Pero si hay un caso que me jode, es cuando entra una mujer embarazada y no se levanta ni Dios. Y da igual que no haya casi nadie de pie y se vea claramente el pedazo de bombo que lleva. Nadie se levanta. La primera vez que lo vi, pensé “bah, un caso aislado”. Pero es que durante el último mes me he cansado de verlo. Resulta que a la hora que vuelvo a casa, suelo coincidir con una chica, no mucho mayor que yo, de no más de 30 años en evidente y avanzado estado de gestación (siempre me ha molado esta expresión). El colmo viene cuando la pobre llega sudando por los 35 grados de la calle y los 10 extra que le proporciona el niño que lleva dentro. He visto chavales jóvenes (hijos de la gran puta) que por seguir sentados al lado de su “churri” (seguro que le llaman así) son incapaces de hacer siqueira el amago de cederle el sito. Así que, como ya me tocaba los cojones, ayer ideé un plan (”Me encanta que los planes salgan bien”). Como la susodicha se sube una parada después de la mía, nada más entrar al vagón busqué un sitio libre. Dio la casualidad de que el único sitio libre estaba en mitad del vagón y ella subió por uno de los extremos. Nada más entrar ella, la historia de siempre, con el agravante de que llevaba un libro del estilo “El niño que va a nacer” con una foto inmensa de una mujer embarazada en la portada. Lo peor de todo fue ver cómo la pobre lo tiene asumido y apenas se molestó en echar una ojeada buscando sitio, apoyándose en la pared casi al instante. Fue entonces cuando yo me levanté y, sin apartarme de mi sitio, me dirigí a ella con un sonoro “perdona, siéntate aquí” que pudo escuchar todo el vagón. La cara de vergüenza de todos los que ocupaban los asientos más cercanos fue impagable. Pero lo fue aún más la de ella, que al “Muchísimas gracias” que dijo añadió un enorme agradecimiento en su mirada y una preciosa sonrisa (las embarazadas tienen un brillo especial en la cara y la mirada). Y no lo hice por dar una lección a nadie, sino por simple y pura educación. Es sólo cuestión de eso.

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5 Responses to “Es cuestión de educación”

  1. Hugo Says:

    Sólo hay que tener cuidado con que no sean gordas cerveceras camufladas de embarazadas.

  2. Benton Says:

    Ya se sabe, todos los griegos saben lo que está bien, pero solo los espartanos lo hicieron. Enhorabuena, una sonrisa es una grandísima recompensa.

  3. El Duque Says:

    Jajaja, una frase genial, Benton.

    Me acordé de tu post, Hugo. Pero te aseguro que con esta chica no dudé. Es más bien delgadita y no hay lugar para la duda.

  4. Un cuento griego « El Jardín Bentónico Says:

    [...] cuento griego Buenas chavalería. A raíz de un post que hizo El Duque sobre las buenas maneras, quiero contaros una típica fábula moralizante, que probablemente no sea [...]

  5. Alberto Says:

    yo hago igual que tú, no me suelo sentar, a no ser que el tren esté casi vacío. Y tambien me jode bastante ver gente mayor entrando en el vagón, y ver como todos los que están sentados miran al suelo o se hacen los despistados. Muy triste.

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